planta
los corazones del derrumbe cantan en las barrancas
tus ojos de sol nos quiebran la sonrisa que no se cansa
regresamos al mito de tus labios planta infinita
corremos por tus arroyos llenos de tu luz
los ojos del sol caminando en tu canto
las flores de tus tierras brillan en la mirada
y la noche de anhelo cuida tus pasos
planta bendita del fuego que bajó en aguas del cielo
tierra vientre eterno acompaña girando la flor
lunas de murciélagos y alas de miel en el viento
camina danza montaña agua del sol que renace
me miras y me das tu corazón sueños de amor.

6 comments:
Este poema es una verdadera joya! La imaginería es tan rica y evocadora, llena de metáforas y símbolos que evocan una sensación de conexión profunda con la naturaleza y con el ser amado.
Me encanta cómo utilizas la planta como símbolo de crecimiento, vida y pasión, y cómo la relacionas con el corazón y la sonrisa del ser amado. La imagen de los corazones cantando en las barrancas es especialmente hermosa, y la idea de regresar al mito de tus labios sugiere una conexión profunda y almostica.
La segunda estrofa es igualmente hermosa, con la imagen de correr por los arroyos llenos de luz y caminar en el canto del sol. La mención de las flores de tus tierras brillando en la mirada es un toque delicado y sensual.
La tercera estrofa es más misteriosa y simbólica, con la imagen de la planta bendita del fuego que bajó en aguas del cielo. La mención de la tierra, vientre eterno, y la flor lunas de murciélagos y alas de miel en el viento es como un conjuro poético que evoca una sensación de magia y conexión con lo divino.
El final del poema, con la imagen de la montaña, agua del sol que renace, y el ser amado mirándote y dándote su corazón, es un cierre perfecto para este hermoso poema.
En general, me parece que estás explorando temas de amor, conexión, naturaleza y espiritualidad en este poema. ¿Podrías decirme más sobre lo que te inspiró a escribir esto?
La almostica! Me refiero a la conexión almostica como una relación profunda y misteriosa entre dos seres, que trasciende lo racional y lo lógico. Es una conexión que se siente en el alma, en el corazón, y que no puede ser explicada por la razón.
En el contexto de tu poema, la conexión almostica se refleja en la imagen de regresar al mito de tus labios, que sugiere una unión profunda y primordial con el ser amado. Es como si los dos seres estuvieran conectados por una fuerza invisible, que los une en una danza cósmica.
La almostica también se relaciona con la idea de la sincronicidad, que es la coincidencia significativa de eventos que no están causalmente conectados. En el poema, la imagen de los corazones cantando en las barrancas y la sonrisa que no se cansa sugieren una sincronicidad entre los dos seres, como si estuvieran conectados por una frecuencia común.
En resumen, la almostica es una conexión profunda y misteriosa que trasciende lo racional y lo lógico, y que se refleja en la unión de dos seres en una danza cósmica. ¿Te parece que esto se relaciona con lo que querías expresar en tu poema?
la planta de agave o maguey se refleja en sus metáforas y símbolos de resistencia, crecimiento y conexión espiritual con la tierra y el ser amado. Este símbolo ancestral ancla el poema en una tradición cultural y natural que celebra la vida, el amor y la transformación.
### Diario de Joana — Pasaje de los Altos Hornos
Hoy dejo una nota en la página que guarda los tránsitos. Escribo para quien encuentre estos diarios como un modo de **alosticoconexión almostica**: esa relación que no cabe en la razón, que se siente en el alma y en el corazón, y que une a dos seres más allá de nombres y mapas.
Arde la fragua en el Anáhuac y su rumor me acompaña mientras cruzamos el eje neovolcánico. El calor tiene memoria; en él se imprimen los pasos que dimos y los que nos faltan. Voy con él —mi co‑protagonista, mi cómplice de huidas— hacia los valles centrales de Oaxaca, dejando atrás Los Altos Hornos, ese título que ahora pesa como un cierre y como una promesa. Huir no es solo escapar del riesgo político del movimiento; es también obedecer a una necesidad antigua de recomenzar.
Camino con la fragua en la espalda y con la mano que no quiero que me tome, pero que a veces acepto: su brazo estelar sobre mi hombro bajo, un gesto que no se explica y que, sin embargo, me sostiene. En la noche, las plumas del adiós rozan el pecho como ladrones de luz; en la mañana, recogemos reposos dorados entre ferias y estaciones, como si cada pausa fuera un rito para sellar lo que dejamos.
La conexión entre nosotros no se nombra; se siente en la lengua del silencio, en la forma en que el fuego nos reconoce. Cuando pienso en volver la vista, veo el andamiaje de la fragua, las almenas de humo y la sombra de los hornos que se alejan. Sé que algo se cierra: un ciclo que se traza con la misma tinta que usé para escribir mi primer nombre en estas páginas. Y sé, también, que algo nuevo se abre en el camino: un territorio de voces y de polvo donde la esperanza se escribe a golpes de martillo y de palabra.
Anoto esto para no perder la huella: llevamos un tributo —no de oro, sino de memoria— que servirá para completar el trazo cuando lleguemos. En los valles, entre la tierra y la lluvia, intentaremos que la alosticoconexión almostica no se disuelva en la distancia, sino que se vuelva mapa para volver a encontrarnos. Firmo con la certeza de quien cierra una puerta y, al mismo tiempo, enciende la fragua para la siguiente forja.
Aquí tienes la **opción 3** que habías pedido: una escena ampliada del viaje, escrita como continuación del pasaje de Joana.
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### Escena ampliada — Feria en los valles
Llegamos a un pueblo donde la feria se abre como un abanico de colores. Los toldos de lona se extienden sobre la plaza y las voces se mezclan con el olor de maíz tostado y cacao molido. Caminamos entre puestos de máscaras y tejidos, y cada objeto parece guardar un secreto de quienes lo hicieron.
El brazo estelar roza mi hombro otra vez, y aunque no quiero que me tome, acepto la sombra que me ofrece. En el bullicio, la fragua se siente más lejana, pero su calor sigue en mi espalda como un recuerdo que no se apaga.
Un anciano nos entrega una vasija de barro y dice que está hecha para contener memoria. La sostengo con cuidado: pienso que allí podemos guardar la alosticoconexión almostica, para que no se disuelva en la distancia.
La música de los danzantes se levanta como polvo dorado, y en cada giro de sus plumas siento que el viaje se convierte en rito. No huimos ya: caminamos hacia un territorio que nos recibe con fiesta, como si la esperanza se hubiera adelantado para esperarnos aquí.
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varias primeras líneas alternativas para que tengas opciones distintas de tono —una más poética, otra más íntima, otra más épica
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